New Jerusalem or bust
July 3rd, 2007Guadalajara, Mexico__It’s a radioactive sky outside, the color of rust and the silhouette of planes against pools of water from the rain that has just stopped in Guadalajara where I wait for my next plane. I’m piggybacking on free Wi-Fi and clearing out unsent emails, while drinking a peach-prune yogurt from a slender bottle (you know you’re in Mexico when trying to get a plain yogurt is an impossible task). The airport is empty except for all the eyes peering at Paraguay’s one point lead. The Starbucks has a long line of teenagers in pink flipflops and business men with their crackberries (some things never change I suppose).
In an hour I’ll be in Mexico City where the storms have not yet let up and where tonight myself and another reporter will start our trek to New Jerusalem to find a cult (is that perjorative? do people in cults refer to their religions as “cults?”) that has been in existence for more than 10 years — longer than Sam Quinones who reported on it in 1998 can date it back, but Mark Stevenson dates it back 1974 (see the longer story inserted at the end). I have been warned by the only two reporters I know who have been there that there is a permanent ban on reporters in this utopian religious society way beyond Morelia, about 6 hours drive from Mexico City. I have no idea if I’m even going to be able to get inside, but many of the ex-members of the compound still live on the outskirts and it’s almost mythic in quality at his point. Worse comes to worse, I only get a Luz del Mundo story, which is just as interesting as far as its ties to the immigrant influence on Catholicism in the United States. It gives some real teeth to the origins of the charismatic expression of spirituality for Latinos and Hispanics as examined in the Pew study.
Here’s some pictures of what the whole concept of New Jerusalem epitomizes:
La Nueva Jerusalen
By Mark Stevenson, 1999
Associated Press, Mexico City
La escena sería normal en Europa del siglo XVI: monjes
de sotana parda y monas de hábito azul vigilan a niños
descalzos que juegan a la sombra de una capilla
amurallada.
Pero esto es México a fines del milenio. Y Nueva
Jerusalén no tiene nada de normal. Aquí no hay bebés,
y la educación termina en quinto grado. No hace falta
más. Porque se acaba el mundo.
Su fin se producirá en un Apocalipsis de fuego al
terminar el milenio, dicen los habitantes. Sólo los
que habitan la “tierra santa” de este fértil valle del
oeste de México serán salvados, por una Virgen María
que indicará el camino hacia una nueva fase de la
existencia, retrocediendo en el tiempo.
En este lugar tan especial, las autoridades han
impuesto reglas para asegurar que solos los más puros
puedan disfrutar de los beneficios.
Recientemente, una camioneta recogió a una familia y
sus posesiones para llevarlos “Afuera”. “Los
expulsaron porque descubrieron que la esposa estaba
embarazada”, dijo un espectador, que se negó a
identificarse.
Decenas de personas han sido expulsadas por otras
violaciones -despertarse tarde, faltar a misa, usar
maquillaje- pero la mayoría se ha instalado en las
afueras del pueblo con la esperanza de estar cerca de
la salvación.
La línea que divide adentro de afuera es bastante
clara. Una cadena cruza el único camino de acceso,
vigilado por guardias las 24 horas del día. Un letrero
manuscrito explica las reglas para los habitantes,
llamados “vivientes”
Prohibidas las citas.
Prohibidas las drogas y el alcohol.
Prohibido el maquillaje.
Y hay otras: la televisión y la radio están
prohibidas. Todos deben asistir a los servicios
religiosos, hasta cuatro por día, a partir de las 4 de
la mañana. Todos deben realizar una semana de trabajo
comunitario. Y deben pedir permiso para viajar afuera.
Los hombres no pueden llevar el pelo largo y las
mujeres deben llevar la cabeza cubierta con pañuelos
cuyos colores, del celeste al púrpura, reflejan su
jerarquía en el sistema religioso, “peregrinas”,
“juanitas”, “cortesanas” a “monjas” -y vestidos largos
hasta los tobillos que parecen una cruza entre la
vestimenta indígena y la europea medieval.
Nueva Jerusalén comenzó en 1973 cuando Papa Nabor, un
cura párroco degradado, abandonó lo que consideraba
los defectos del catolicismo romano moderno y fundó
una religión basada en mensajes de la Virgen María que
le transmitió una anciana analfabeta.
Desde entonces unos 5,000 campesinos se han instalado
en su paraíso, y él ha ordenado a cientos como monjes,
sacerdotes y obispos.
Juntos, los “vivientes” han recuperado el color, las
ceremonias, los ritos, la mística, la magia y el
misterio, la fogosa energía apocalíptica, con los
cuales convirtieron a sus antepasados indígenas en el
siglo XVI y que según ellos la iglesia ha perdido.
Los residentes celebran la misa en latín y ritos
tradicionales de exorcismo y bautismo que la iglesia
abandonó hace mucho tiempo.
Los ojos de Pablo Pérez brillaron al describir lo que
encontró cuando siguió a su hermano a este pueblo 360
kilómetros al oeste de la capital en 1982.
“Solía ir a peregrinajes y nadie conocía los
responsorios en la misa, apenas ocho o diez de cada
cien personas cantaban, y había vendedores y puestos
de comida frente a las iglesia”, dijo.
“Cuando vine aquí y vi a las mujeres vestidas de
manera tan bonita, en dos hileras, tan rectas, tan
disciplinadas, todas cantando, supe que aquí era donde
quería estar”.
La aureola de colores que vio esa noche en torno de un
retrato de la Virgen del Rosario terminó por
decidirlo. Pérez vendió su granja “por la mitad de lo
que valía, y nunca me he preocupado por ello”.
Mediante una disciplina estricta, impuesta por voces
de ultratumba que transmiten santos videntes, los
residentes han construido su paraíso terrenal y aquí
esperan el fin del mundo.
Los hombres cultivan maíz en las pronunciadas laderas
del valle o, con permiso de las autoridades, pasan una
semana o dos afuera del pueblo trabajando como peones.
Viven en pequeñas casas de ladrillo que bordean una
pulcra calle principal, la catedral y un parque
dominado por una cruz de piedra, flores banderas y un
retrato mural de Papa Nabor.
Algunas casas no tienen electricidad pero casi todas
tienen agua y el pueblo es más limpio que los vecinos.
Más importante aún , hay decenas de sacerdotes
mientras que en la mayoría de los pueblos un solo
sacerdote debe recorrer varias parroquias.
Los residentes creen que sólo sus oraciones y su
rechazo terminante del “modernismo y la moda”
mantendrá viva a la Tierra durante 50 años más.
“El conocimiento se ha vuelto satánico. Ya no es
sagrado”, dijo el vidente don Agapito en febrero de
1998, actuando como conducto de un espíritu llamado
Oscar. “El fax, la computadora, la televisión, todo es
conocimiento satánico. Estamos en el fin de los
tiempos, cuando todo es satánico”.
Ha habido otros vaticinios del Apocalipsis, el último
en 1990, pero ninguno ha sido tan firme como éste. Los
videntes dicen que las señales son más fuertes. Y por
eso, las autoridades del pueblo tomaron medidas.
Hace cinco años, prohibieron a los residentes que
tengan hijos: ¿qué sentido tiene, si el mundo está por
terminar?.
En la catedral, un hombre de hábito papal blanco al
que llaman el arzobispo realiza una ceremonia de
confirmación de niños que llevan coronas de papel y
dice a sus padres: “Saquen a sus hijos de la escuela.
La tierra se acaba, sólo enseñan suciedad”.
Después de 26 años de grandes esfuerzos para erigir un
pueblo entre los maizales, la construcción está
detenida y la comunidad parece congelada, a la espera.
Su única respuesta a las preguntas sobre el futuro
inmediato es: “Depende”.
Es la respuesta que da Román Rogel García, principal
autoridad laica, cuando se le pregunta si la catedral
neobarroca en el centro del pueblo tendrá las dos
cúpulas que le faltan.
Cree que tal vez no quede nada de la catedral para fin
de año, pero no está seguro. “Nadie sabe en qué fecha
se acabará el mundo -dijo-. Sólo Dios lo sabe”.
Pero aparentemente don Agapito lo sabe. Es tercero de
una línea de videntes que se remonta a Gabina Romero,
que ya era una anciana cuando vio a la Virgen del
Rosario en este lugar en 1973. Generalmente habla con
la voz de Lázaro Cárdenas, un venerado presidente de
los años 30 que murió en 1970.
En una cinta grabada que fue sacada clandestinamente
del pueblo, se escucha a don Agapito decir que el
Apocalipsis vendrá al fin del milenio. Poseído por
Oscar, dijo: “El mundo no llegará al 2000″.
Es una visión muy mexicana del Apocalipsis. Con la voz
de otro espíritu, Agapito nombra varios volcanes en
actividad en el centro de México y dice: “Cuando
llegue la hora, estallarán en llamas”.
Sobrevendrá una suerte de invierno nuclear que matará
a toda la vida sobre la tierra. Enormes grietas se
abrirán en torno de Nueva Jerusalén y lo aislarán del
resto del mundo.
“Al borde del nuevo milenio, los desesperanzados han
hecho suya la voluntad de Dios: absurda, ilógica,
apremiante, teñida del color de los sueños
infantiles”, escribió el cineasta Arturo Ripstein
quien se inspiró en Nueva Jerusalén para hacer la
película surrealista “El evangelio de las maravillas”
en 1998.
Llama a Nueva Jerusalén “una fiel reproducción de las
sectas milenaristas medievales” y recuerda el fervor
religioso que sacudió a Europa en el 999.
A diferencia de algunas de esas sectas, los habitantes
de Nueva Jerusalén no se han volcado a la violencia.
Pero muchos dicen que lo harían si el “mundo moderno”
tratara de aplastarlos.
“hasta ahora los ataques han sido verbales -dijo el
obispo José en la catedral-. Pero no siempre será así.
Estamos dispuestos a sellar nuestra fe con nuestra
sangre”.










February 15th, 2008 at 11:30 am
jesusalen is the new city and the last prophesy of redemption as it was written in revelation.